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Víctor Guadarrama: Construyó una vida que dejó huella
Con el amor de su vida, doña María Elena González Maldonado.
Piedras Negras

Víctor Guadarrama: Construyó una vida que dejó huella

Su legado permanece en su familia, en las obras que ayudaron a transformar la región y en una vida dedicada al trabajo y al servicio

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Autor: Orquídea López Allec
12 de septiembre de 2026 a las 09:12 · 615 Vistas · 2 min de lectura

Piedras Negras, Coahuila.- Hay personas que pasan por la vida dejando recuerdos, otras dejan caminos, edificios, comunidades y sobre todo, enseñanzas; Víctor Guadarrama Jasso fue un hombre que construyó mucho más que obras: construyó una familia, amistades, proyectos y una historia que permanecerá en la memoria de quienes lo conocieron.

Nació en Ciudad Acuña, Coahuila, el 12 de septiembre de 1938, fue el primogénito de don Víctor Guadarrama Martínez y doña Petra Jasso Sánchez, quienes le dieron ocho hermanos: Arturo, Julio, Pepe, Armando, María Luisa, Mario, Rogelio e Hilda.

Desde muy pequeño aprendió el valor del trabajo y de la responsabilidad, su papá se dedicaba a la construcción y Víctor comenzó a acompañarlo desde niño, por lo que la vida le enseñó pronto que nada se obtenía sin esfuerzo.

Entre las historias que solía contar estaba aquella de la bicicleta que le habían regalado y que un día le robaron y su padre no le dio dinero para comprar otra, pues le dijo que tendría que trabajar para conseguirla y fue así que comenzó a bolear zapatos en el Crosby, en Acuña.

A los 15 años recibió otra lección de independencia: su padre lo enviaba solo a Monterrey para traer materiales de construcción. Era apenas un adolescente, pero ya mostraba ese carácter decidido que lo acompañaría durante toda su vida.

Posteriormente, dejó los estudios después de la secundaria para trabajar y ayudar a su familia.

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Encuentra en Piedras Negras su hogar

Con los años, don Víctor Guadarrama Jasso llegó a Piedras Negras, donde encontró su hogar y desarrolló una larga trayectoria como arquitecto y constructor.

Trabajó inicialmente en Elizondo y Asociados y posteriormente creó la “Constructora Guadarrama”, desde ahí participó en importantes proyectos de la región: maquiladoras, hoteles, cines, centros comerciales, escuelas, viviendas y edificios.

Construyó en Piedras Negras y en distintos municipios de Coahuila, dejando una parte de su historia en cada proyecto, pero para Víctor Guadarrama, construir nunca significó únicamente levantar paredes.

En su Constructora Guadarrama, pasaron arquitectos, ingenieros y trabajadores que encontraron en él no solamente a un jefe, sino a un hombre que confiaba en la capacidad de los demás.

Trabajó para empresarios y familias que confiaron en su palabra y en su capacidad profesional. Construyó para los Ramón en Piedras Negras, Acuña, Múzquiz, Allende, Zaragoza, Saltillo y Torreón; participó en proyectos de vivienda de interés social y realizó importantes obras para familias empresariales de la región.

Entre sus trabajos también estuvieron centros comerciales y proyectos relacionados con la familia Rodríguez y los establecimientos de los Miradores, además de hoteles, casas habitación y otras obras que contribuyeron al crecimiento de Piedras Negras.

Y aunque su trayectoria profesional fue extensa, nunca perdió el gusto por estar personalmente al frente de sus proyectos.

Un viernes, apenas unos días antes de enfermar, todavía estuvo en una obra, supervisando la construcción de unos departamentos. Era la manera en que había vivido siempre: al pie del cañón, haciendo lo que sabía y amaba.

También sabía lo que significaba trabajar por su comunidad. Villa de Fuente, donde vivió durante prácticamente toda su vida en Piedras Negras, fue una de sus grandes causas.

Participó activamente en la gestión de obras y mejoras para este sector, especialmente después de la inundación de 2004 y el tornado de 2007 que afectó principalmente a Villa de Fuente.

No buscaba necesariamente un cargo político, prefería estar detrás, gestionando, tocando puertas y buscando que las autoridades escucharan las necesidades de la comunidad.

Hasta sus últimos años siguió preocupado por Villa de Fuente, por el río, por la contaminación y por el crecimiento ordenado de la zona.

Fue presidente de la Cruz Roja, del Club Campestre y también se desempeñó como director de Obras Públicas, siempre con esa misma vocación de servicio.

El amor en su vida

Don Víctor Guadarrama, construyó muchas obras importantes, pero la que verdaderamente consideró la más valiosa fue su familia.

En 1958 se casó con el amor de su vida, doña María Elena González Maldonado, juntos formaron una familia y tuvieron cinco hijos: Juan Carlos, Víctor, Mónica, Lupita y Rossy.

Vivieron momentos felices, pero también enfrentaron grandes dolores, como la pérdida de su hijo mayor, Juan Carlos, a los 21 años de edad, la cual fue una herida profunda.

Años después, Víctor tuvo la dicha de convertirse en abuelo: Rubén, Ana Elena, Eduardo, Alejandra, Paulina, Miranda, Víctor Adrián, Camila, Renata, Rominna y Alfonso Hernán llenaron su vida de nuevas alegrías.

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También disfrutó de sus bisnietos Alejandro, Leonardo e Isabella. Como padre y abuelo fue cariñoso, protector y consentidor.

Sin embargo, hace cuatro años, enfrentó otra de sus grandes pérdidas: la muerte de María Elena, su compañera de vida. Fue un golpe difícil de superar después de tantos años juntos.

A pesar de todo, don Víctor siguió adelante, porque detenerse nunca estuvo en sus planes.

Una vida de proyectos

Don Víctor era un hombre de proyectos, siempre tenía algo nuevo en mente, era fuerte, positivo, íntegro y, sobre todo, un hombre de palabra, es lo que recuerdan sus hijos, al resaltar que creía en los acuerdos entre caballeros y en cumplir aquello que se prometía.

Su frase lo definía: “Prefiero desgastarme que oxidarme”. Y fue exactamente así como vivió, hasta unos días, pues antes de enfermar todavía estaba en una obra, supervisando la construcción de unos departamentos.

Aun cuando la vida le había dado décadas de trabajo, él seguía sintiendo que había algo por hacer, pero también sabía disfrutar, amaba la naturaleza, nadar, tocar la guitarra y reunirse con sus amigos. Era un bohemio de corazón.

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Y es que las reuniones acompañadas de canciones y guitarra fueron parte de sus momentos más felices.

Era además un hombre elegante, cuidadoso de su apariencia, un auténtico “catrín”, como lo recuerdan sus familiares.

Hoy, su ausencia deja un profundo dolor, pero también deja gratitud por sus enseñanzas, por sus historias, por sus canciones, por sus consejos, por sus proyectos y por los momentos compartidos.

Quedan sus obras, pero sobre todo quedan las personas que llevan algo de él, sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus amigos y una comunidad a la que dedicó buena parte de su vida.

Víctor Guadarrama Jasso no solamente construyó edificios, construyó una vida, una vida de trabajo, de familia, de servicio y de sueños.

Y quizá esa sea la mejor manera de despedirlo: recordando que mientras tuvo fuerzas nunca dejó de construir.

Porque hasta el último momento fue fiel a la frase que marcó su camino:

“Prefiero desgastarme que oxidarme”.


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